Cuando era niña, había algunos días en los que el trabajo de mi papá o mi mamá les permitía ir por mi a la escuela. Los dos andaban en moto y a mi me encantaban esos días, excepcionales, en los que alguno iba por mi y yo me acomodaba en la parte de atrás, me sujetaba de su cintura y volvíamos a casa.
Blusa y abrigo: Zara. Pantalón: H&M. Botas: Dr. Martens (a la venta en Lemur). Labios: Rouge in Love -Sequence of love, 170N-, Lancôme.
No me interesa tener un coche. No veo porque pasar dos o tres horas en el tráfico, manejando en vez de -digamos- leer. Sin embargo el transporte público tampoco es siempre la mejor de las opciones. Héctor lo solucionó comprándose una moto. Y me encanta acomodarme en la parte de atrás, pegarme a su espalda y abrazarlo por la cintura. Ese abrazo se ha vuelto otra buena razón para prescindir de un coche.
