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Menos lupas de aumento y más FPS.

Me gusta mucho el maquillaje. No soy alguien que se maquille mucho pero igual lo disfruto. Como la cosmética llegó tarde a mi vida, el proceso ha sido muy consciente y me he tenido que esforzar para aprender a hacer cosas que mis compañeras de la prepa hacian de memoria y sin espejo -como pintarse los labios-.



No creo en el maquillaje como mandamiento. Es decir, puedo salir con la cara lavada sin sentirme mal y nunca voy a juzgar a una mujer que va a trabajar de cara lavada. El maquillaje es coquetería gratuita, diversión y si, levantador de autoestimas. 

Y es que eso también es inegable: un poco de polvo mata el brillo y empareja el tono de la piel, un poco de rubor te hace ver más animada y con algo de sombra y gloss disimulas la resaca tras una noche de parranda. 


Lo malo de todo eso, es que conforme aprendes a disimular tus imperfecciones también aprendes a mirarte más las imperfecciones. Saber usar el corrector hace que no te olvides de contar ni un solo grano y ubicas de memoria las manchas y cicatrices. Saber tapar con maestria las ojeras te hace ser consciente de tus ojeras. Saber colocar el iluminador te recuerda lo que no te gusta de tu nariz o de tus pómulos. Y así sucesivamente. Una vez que aprendes a maquillarte bien, también interiorizas tus defectos y después se vuelve difícil que quieras mostrarle al mundo todos esos defectos. 

Rojeces, granos, manchas, cicatrices, arrugas. Tu ojo es como el de Terminator...

Entonces, cuando aprendes a usar el maquillaje, hay que aprender otra cosa: es necesario saber relajarte respecto a ti misma. Eso que los hombres saben hacer muy bien, sentirse guapos con una playera de algodón, desodorante y filtro solar en la cara, también deberíamos saberlo hacer nosotras.



Personalmente, aunque puedo salir a la calle sin maquillaje, no puedo hacerlo sin filtro solar. Y desde que lo uso con constancia se han ido algunos de esos pequeños defectos que mi ojo aprendió a reconocer con precisión quirúrgica, aliviándome también la tarea de juzgarme a mi misma.


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